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Su alma es legión

Voces y dioses en Freshwater de Akwaeke Emezi

- 11-04-2021 -

La novela, que todavía no está traducida al castellano, cuenta la historia de Ada. Los hechos externos de su vida no son tan importantes: una joven de origen nigeriano, que va a estudiar y vivir a Estados Unidos, tiene varias relaciones personales intensas y conflictivas, mucho sexo, algún exceso, una transición de género, una familia diseminada en dos o tres continentes y un par de cosas más que una reseña no tiene por qué revelar. Nada de esto hace que la novela sea recordable. Freshwater podría ser el retrato de las crisis de una psiquis de comienzos de siglo XXI acosada por los lugares comunes de una época. Excepto por un detalle, Ada tiene adentro suyo un ogbanje. O mejor, Ada es uno o muchos ogbanjes.

¿Y qué es un ogbanje? La respuesta está en la cultura igbo, pueblo predominante en la región sudeste de lo que hoy es Nigeria. Ogbanje es un espíritu, o un ser intermedio entre dioses y humanos, que se encarna en un niño humano y muere deliberadamente antes de llegar a adulto. Y esto lo hace varias veces. Es decir, muere, vuelve a reencarnarse en otro hijo de la misma madre y vuelve a morir. Para interrumpir el proceso es necesario encontrar un objeto llamado Iyi-uwa, el cual fue escondido por el ogbanje en alguna parte. Destruido el Iyi-uwa el ogbanje se retira y el niño puede seguir viviendo.

Pero en este caso eso no ocurre. Y la niña no muere ni se libera del ogbanje sino que crece con su presencia adentro. Como si esto fuera poco, el ogbanje no es una unidad sino una multiplicidad de personalidades, una más jodida que la otra. Y son sus voces las que cuentan la historia.

La vida de Ada, entonces, es narrada desde adentro por una especie de hydra encarnada en su cuerpo y en su alma. Los primeros capítulos están en una primera persona del plural que más adelante es reemplazada por la voz de una de las personalidades que se independiza y toma el control después de un hecho traumático. En ocasiones es Ada también la que cuenta, porque ella es y no es las presencias que la habitan.

Akwaeke Emezi, coetánea y compatriota de Chimamanda Ngozi Adichie, comparte con Ada varias características. Freshwater tiene, según sus propias declaraciones, mucho de autobiográfico. Además de dedicarse a la escritura, Emezi es directora de videos que se pueden ver en su sitio de internet: www.akwaeke.com. Ésta es su primera novela y parece que tuvo muy buena repercusión en el mundo anglo. Obtuvo varios reconocimientos y en el sitio web se habla de una adaptación televisiva en proyecto. Hay otra reseña escrita en castellano1, aunque no encontré información sobre alguna traducción. No es un libro difícil para leer en inglés, aunque requiere cierto entrenamiento. Emezi tiende a la frase larga, exhuberante, pero medida. En una entrevista2 ella utiliza el adjetivo “lush”, para referirse a su propio estilo. De acuerdo al diccionario “lush” se deja traducir como exhuberante, abundante o frondoso pero también tiene acepciones como delicioso y hasta borracho. No son palabras que le queden mal a la escritura de Emezi.

Borrachas, deliciosas y exhuberantes, pero también violentas, manipuladoras y autoritarias, entre varias cosas más, son las voces que cuentan la vida de Ada desde el nacimiento. Hacer que un daimon esquizofrénico o policéfalo sea el narrador de la historia es la jugada que hace de Freshwater un libro original en el doble sentido de la palabra. Por un lado porque implica una entrada innovadora en un aspecto tan remanido como es el del narrador en la novela. Por el otro porque permite estructurar el relato de acuerdo a una lógica que viene de lejos, que no es literaria, ni moderna ni occidental. Lo cual hace que Freshwater pueda funcionar también como una puerta de entrada hacia una mitología y una metafísica que la mayor parte de los lectores occidentales desconocemos plenamente.

Todo esto sin dejar de tocar fibras constitutivas de la trama que somos, más allá de nuestro origen cultural. Sabemos que la parte de nuestra interioridad de la que tenemos consciencia es un halo de luz moviéndose en la oscuridad. Sin pretender explicarla, Akwaeke Emezi encontró una manera de narrar esa oscuridad que nos envuelve desde adentro. Su tema es el hecho de tener un cuerpo, o de ser un cuerpo y al mismo tiempo ser otra cosa, algo inasible que nunca encaja en las categorías que se le aplican. Su mérito es haber conseguido pleantear en ese terreno una serie de preguntas sin respuestas definitivas.

Al fin y al cabo, si la experiencia personal del mundo es caótica, si los impulsos internos y los estímulos externos se suceden por bloques no siempre o nunca coordinados entre sí, si la mente salta azaroza de un pensamiento a otro y recuerdos e imágenes pueden emerger imperantes más allá de la propia voluntad para después desaparecer, si somos capaces de hacer cosas que no somos capaces de controlar, como si las hiciera otra persona, si todo esto es así, ¿por qué asumir que tener una personalidad es lo sano y que tener varias es lo patológico? Más allá del hecho de tener un cuerpo físico y no dos o tres, ¿hay algún otro elemento que sostenga o ligue la unidad de la personalidad, de la conciencia, del alma? No abundan los libros, y menos aún las novelas, que puedan generar este tipo de inquietudes.




Notas

La reseña está escrita a partir de la edición de la novela en Kindle de Grove Press, 2018.

Una versión anterior de esta reseña se publicó en Literáfricas.com, el 6-07-2020. Se puede ver aquí:

literafricas.com

Notas que aparecen en el texto:

meikmag.comthecontersation.com
granta.com

Salvo que se indique lo contrario todos los textos de Orbis Libris fueron escritos por Darío Semino. Para contactarse se puede escribir a orbislibriscontacto@gmail.com