Colección Antes de América - Nro. 0

Cinabrio, psicoducto, misterio

Una ciudad maya devorada por la selva, un sepulcro olvidado y el paso silencioso de los siglos en La Reina Roja, una tumba real de Arnoldo González Cruz

16-07-2021

El color del cinabrio tal vez sea el rojo más intenso que podamos contemplar. Su uso acompaña a las civilizaciones desde tiempos remotos, en la Europa medieval su composición de mercurio y azufre fue descubierta por Alberto Magno, teólogo, alquimista y maestro de Santo Tomás. En América lo usaban los mayas para cubrir los cuerpos de los difuntos honorables. 

Cuando un grupo de arqueólogos descubrió, en 1994, una tumba en una cámara sellada de uno de los edificios de la ciudad maya de Palenque, en Chiapas, el cinabrio que cubría los huesos sirvió para bautizar ese cuerpo que había estado mil trescientos años en la oscuridad.

El hallazgo de la tumba de la Reina Roja fue uno de los acontecimientos arqueológicos más importantes de la época. El libro de Antonio González Cruz, director de las excavaciones, reconstruye, mediante un relato escrito y visual, la aventura de ese descubrimiento y los trazos fundamentales de la historia de Palenque. 

Tapas duras, papel ilustración brillante y amplio formato hacen de este libro un objeto para desplegar y contemplar, además de leer. El registro fotográfico permite apreciar aspectos puntuales de la ciudad, de los objetos y los restos hallados, mientras que el relato sencillo y detallado va dando cuenta del trabajo arqueológico a la vez que ofrece elementos para ir imaginando ese mundo tan lejano y distinto de cualquier civilización moderna. 


 

La tumba

La reina no estaba sola. En la cámara sellada, junto a su tumba, fueron hallados huesos de un niño y de una mujer, ambos sacrificados para acompañarla. Investigaciones posteriores determinaron que el niño fue decapitado y la mujer murió por extracción del corazón. 

Un pequeño orificio de 3,5 cm sobre la cubierta del sepulcro permitió echar un primer vistazo a los restos de la Reina Roja. Ese orificio, que los expertos llaman psicoducto, permite la salida del alma del difunto. Su práctica perdura hasta nuestros días. « Entre los actuales mayas yucatecos cuando alguien muere se abre un orificio en el techo de palma de la casa justo encima del individuo, con el fin de facilitar la salida del espíritu.» (P.176). 

Además del cinabrio que la envolvía, la reina también descansaba en compañía de algunos objetos que servían para facilitar el viaje al otro mundo. Vasijas de cerámica, un malacate y una aguja de hueso, una valva del molusco Spondylus con una figurilla en su interior tallada en piedra caliza. La figurilla representaba posiblemente a la propia reina, con el objeto de hacer perdurar su identidad en el más allá, mientras que la concha de Spondylus era un símbolo del mar primordial en el que habitaban los dioses creadores. 

Otros objetos que acompañaban el cuerpo eran las navajas de obsidiana que solían utilizarse para el autosacrificio sangriento, una ofrenda de la propia sangre realizada mediante heridas autoinfringidas. Además de conchas de nácar y cuentas de jadeíta y fragmentos de malaquita que formaban un tocado y una máscara facial que fue reconstruida posteriormente. 

El edificio en el que se encontraba la tumba reproducía en su arquitectura la estructura  metafísica del cosmos. Quienes visitaban a la reina realizaban un recorrido dantesco en el que los diferentes pasillos y niveles representaban simbólicamente el ámbito celeste, el terrestre y el inframundo. Todo indica que la reina había sido deificada y que su tumba funcionaba como un espacio de culto en el que se realizaban diversos ritos y procesiones. 

Pasillo interior de uno de los templos de Palenque
Sepulcro de la Reina Roja
Imagen de autosacrificio sangriento mediante laceración de la lengua

La reina

Ninguna inscripción la identificaba. Estaba claro que se trataba de un personaje de importancia en la sociedad, pero incluso el hecho de llamarla «reina» era una conjetura. Para descifrar su identidad se llevó adelante una tarea de investigación en la que intervinieron científicos y especialistas de distintos rubros y países, combinando la interpretación de registros epigráficos con el análisis de los restos en avanzados centros de investigación.

Tras evaluar y descartar diversas hipótesis se llegó a la conclusión, no definitiva, de que se trata de Tz’ak-b’u Ajaw, la consorte del rey K’inich Janahb Pakal, el más importante soberano de Palenque, cuya tumba, de similares condiciones, había sido descubierta en la década del cincuenta. 

Entre los estudios que se realizaron estuvo la reconstrucción del rostro de Tz’ak-b’u Ajaw, hecha por una artista forense, a partir de la estructura ósea del craneo. El resultado, que no figura en el libro pero puede verse en un documental sobre el tema que está disponible en YouTube, muestra la imagen de una persona que no tiene parecido posible con ningún individuo moderno, dado que los antiguos mayas practicaban, en las clases altas, la deformación craneana desde la niñez, entablillando la cabeza del bebé para darle una forma ovalada que afectaba también los rasgos faciales.

Tz’ak-b’u Ajaw no había nacido en Palenque sino que pertenecía al linaje proveniente de Ox te’ K’uh «(Lugar) de los dioses del Árbol», una región cuya ubicación más probable se encuentre entre las montañas del norte de Chiapas y la planicie tabasqueña. El matrimonio con el rey de Palenque habría sellado una alianza política para asegurar los vínculos comerciales con una región que era rica en malaquita, azurita y otras piedras semipreciosas. 

Tz’ak-b’u Ajaw tenía cerca de sesenta años cuando murió. Su unión con K’inich Janahb Pakal dio tres hijos que continuaron la dinastía palenquiana.

Los restos de la Reina Roja cubiertos de cinabrio
Detalle de decoraciones dentales en otros restos hallados en Palenque
Valva de Spondylus con figurilla de piedra caliza que fue hallada junto a la Reina Roja


La ciudad

La civilización maya no funcionaba de manera centralizada sino que consistía en un conjunto de ciudades o regiones que rivalizaban y se aliaban entre sí y que compartían el mismo idioma y marco cultural, con una lógica que ha sido comparada con la de las polis griegas. 

En ese contexto de luchas intermitentes por la hegemonía, la ciudad de Palenque, cuyo nombre original era Lakamha’, había logrado imponerse en una región de sierras, selva y abundantes cascadas y saltos de agua.

Si bien la información que se tiene sobre el sitio se reactualiza permanentemente, puesto que continúan realizándose estudios e investigaciones, se estipula que la ciudad tuvo en su apogeo alrededor de ocho mil habitantes y unas mil quinientas estructuras construidas. 

La lista de soberanos que la gobernaron se rastrea desde el año 431 hasta el 799. Y su período de mayor esplendor es el que corresponde al reinado de K’inich Janahb Pakal, o Pakal el Grande, quien reinó entre 615 y 683 acompañado durante una parte del período por la Reina Roja.

La historia de la ciudad termina con el mismo misterio que es característico de la historia de una parte importante de la civilización maya. Hacia el 800 Palenque entra en decadencia y comienza rápidamente a ser abandonada sin que existan hasta la fecha explicaciones definitivas del suceso.

Las demasiadas guerras, una crisis política o social, el agotamiento de los medios de producción o una combinación de esos u otros elementos llevó a sus habitantes a alejarse de la ciudad. El sepulcro de la Reina Roja fue tapiado y la vegetación fue cubriendo el espacio urbano.

Devorada por la selva, Palenque permaneció más de mil años con escaso o nulo contacto humano. El vacío de conocimiento que se tiene sobre su final y su extenso aislamiento es una las terras incognitas de la historia precolombina y contribuye a la gravitación particular que tienen los mayas en la imaginación colectiva. El colapso de las ciudades mayas es el típico enigma histórico que tienta a la fabulación y deja abierta la pregunta sobre los motivos por los cuales una sociedad puede sucumbir.

Palenque volvió a ser descubierta recién en 1784. Ni la conquista ni la colonización de América llegaron a tocar sus templos. Quienes volvieron a encontrarla ya eran hombres de otro mundo.

Notas:

La reseña está realizada a partir de la siguiente edición: La Reina Roja, Una Tumba Real, de Arnoldo González Cruz, editado por Instituto Nacional de Antropología e Historia y Turner Ediciones, México, 2011.

Comparto links de algunos artículos que consulté para escribir la reseña:

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/misteriosa-tumba-maya-reina-roja-palenque_11262/7

https://arqueologiamexicana.mx/mexico-antiguo/cinabrio

https://www.bbc.com/mundo/noticias-45014307

La reconstrucción del rostro de la reina se puede ver en el documental de MdNBIO “La Reina Roja: el misterio maya”, disponible en YouTube.

También consulté el libro La civilización de los antiguos mayas, Alberto Ruz Lhuillier, Fondo de Cultura Económica, México, 2018. Si bien es un libro que tiene varios años, la primera edición es de 1955, su lectura es recomendable porque el autor fue el responsable de las excavaciones realizadas en Palenque, de la tumba del rey Pakal, al cual le dedica el último capítulo. 

Cinabrio: el dato mencionado en el inicio sobre Alberto Magno lo tomé de una edición italiana del libro de Serge Hutin sobre los alquimistas de la Edad Media: La vita quotidiana degli alchimisti nel medioevo, Fabbri Editori, Italia, 1998.

Todas las imágenes están tomadas del libro.

Antes de América es una colección de reseñas y artículos sobre libros de diversa índole que ayuden a conocer e imaginar el mundo de las civilizaciones que habitaban el continente americano antes de la llegada de los europeos.

Reseñas de próxima aparición en esta colección:

1491 – Una nueva historia de las Américas antes de Colón

Charles C. Mann

La filosofía nahuatl  – estudiada en sus fuentes

Miguel León Portilla

Salvo que se indique lo contrario todos los textos de Orbis Libris fueron escritos por Darío Semino. Para contactarse se puede escribir a orbislibriscontacto@gmail.com

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